Vas a encontrar cientos. Muchos cuestan quince dólares, salen en bus desde Salento y terminan en una tienda de souvenirs. Otros cuestan doscientos y te ponen un sombrero de chapolera para la foto. Casi todos usan las mismas tres palabras: auténtico, tradicional, inolvidable.
Llevamos doce años haciendo esto en Pijao, un pueblo del sur del Quindío, y en ese tiempo hemos aprendido que la diferencia entre un buen tour de café y un mal tour de café no está en el precio ni en las fotos. Está en cinco preguntas que casi nadie hace.
1. ¿Voy a conocer al caficultor, o a un empleado que explica el proceso?
Es la pregunta que lo decide todo. Hay una diferencia enorme entre alguien que te explica cómo se cultiva el café y alguien que lo cultivó. El segundo tiene tierra en las manos y una respuesta distinta para cada pregunta rara que le hagas.
Pregunta el nombre. El nombre y el apellido del señor o la señora que madrugó a recoger los frutos más maduros. Si no te lo pueden decir, ya sabes qué clase de tour es.
2. ¿La finca es real, o es un set?
Hay fincas que existen para el turismo. Se nota: los senderos están perfectos, nadie está trabajando, y el almuerzo sabe a restaurante.
En una finca real hay gente viviendo. Hay un perro que se te pega. Hay un almuerzo que cocinó la familia que vive ahí, con lo que hay. Un viajero contó en su crónica que el campesino anfitrión le dijo, señalando el plato:
«Lo único que se están comiendo que no ha crecido en esta tierra es la papa y el arroz.»
Esa frase no la escribe un guion.
3. ¿Cuántos vamos a ser?
Cuarenta personas en un bus no es una experiencia, es una fila. Nuestro límite son diez, y no es un capricho de marketing: por encima de eso, el caficultor deja de ser el protagonista y se vuelve el decorado. Esa es la frontera, y la cuidamos aunque cueste ventas.
4. ¿A dónde va la plata?
Aquí está el asunto incómodo del café colombiano, y merece su propio artículo: buena parte del café que se toma en Colombia es lo que sobra del proceso de exportación. Los mismos productores lo llaman, sin eufemismos, la basura del café.
Pregunta si vas a poder comprarle café directamente al que lo cultivó. Si la respuesta es sí, algo se está haciendo bien.
5. ¿Puedo ir en Willys?
Parece una pregunta boba y es una prueba de fuego. El Jeep Willys no es un accesorio folclórico: es el carro en el que se mueve la gente de estas montañas, con el mercado, con los bultos, con los niños. Si el tour lo usa, es porque va donde la gente vive. Si te llevan en van con aire acondicionado, van a donde llevan a los turistas.
¿Y cuál es el mejor?
No te vamos a decir que somos nosotros —sería, de toda esta lista, la respuesta menos creíble—. Haz las cinco preguntas. Háznoslas también a nosotros, sin descuento por ser quienes las escribimos. Lo que respondamos —y lo que respondan los demás— te va a decir más que cualquier página web.